Por: María Antonia de la Parte
y Patricia Quiroga
y Patricia Quiroga
La evaluación muchas veces es
percibida como un tema álgido en la educación. Emplear las técnicas más apropiadas
y reflexionar sobre los desaciertos en la aplicación de la evaluación amerita
docentes comprometidos, críticos y abiertos al cambio del modelo tradicional de
educación y evaluación hacia una educación más humana, flexible, sensible que
se acompañe de una evaluación para la Justicia Social.
A continuación se presentan un
cuadro contentivo de las Características que según Murillo e Hidalgo (2015)
determinan una Evaluación para la Justicia Social, y las consecuencias
didácticas que hemos considerado pueden ser ejecutadas basadas en actividades
alternativas. Al finalizar el cuadro se presentan algunas reflexiones sobre el
tema y las correspondientes referencias.
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Característica
de la Evaluación
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Consecuencias
Didácticas
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1. Evaluación
“para” el aprendizaje más que “del” aprendizaje. Es necesario que la
evaluación deje de utilizarse como instrumento de clasificación o comparación
de los estudiantes. La evaluación debe ser para favorecer el aprendizaje de
los estudiantes, ayudándoles a identificar las necesidades y dificultades del
propio proceso y cómo poder mejorarlo (William, 2007). Asimismo, es necesario
que la evaluación sirva al propio docente para replantearse la propia
práctica, viendo que aspectos de su enseñanza es necesario mejorar. Así, la
evaluación es necesario que se plantee como una práctica compartida entre el
docente y los estudiantes, donde poder exponer en un clima de confianza sus
inquietudes, reflexiones, necesidades y puntos a reforzar.
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Para identificar necesidades particulares o
grupales de los estudiantes será necesario que el docente considere la
realización de la evaluación
diagnóstica. Esta podrá llevarse a cabo previo al inicio de un curso o
antes de comenzar una nueva unidad del programa de curso. No es extraño que el docente piense que sus
estudiantes ingresen con adecuadas condiciones de entrada o que todo el grupo
es homogéneo en cuanto a conocimientos previos. La evaluación diagnóstica no
solo estará orientada a saber los conocimientos que los estudiantes tienen
sino también a conocer las expectativas y preconcepciones que se tengan.
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2. Evaluación
inclusiva. Para que una evaluación luche por la Justicia Social es
necesario que tenga en cuenta a todos los estudiantes, valorando sus
diferencias individuales y convirtiéndolas en potencialidades para su
aprendizaje. Una evaluación igual para todos los estudiantes es altamente
injusta, ya que no todos los estudiantes hacen, son, piensan y aprenden de la
misma forma. En cambio, una evaluación variada, más cualitativa, creativa y
continúa potencia el aprendizaje de todos los estudiantes y la lucha contra
las desigualdades del aula y la escuela, siendo el fin último de una
evaluación socialmente justa.
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La evaluación
formativa es una apropiada actividad a ser aplicada por los docentes para
alcanzar la justicia social a través de la inclusión, dado que ella permite
hacer seguimiento al progreso de los estudiantes en forma particular,
respetando las diferencias. Ella es sistemática y continua, es decir el
docente la realiza permanentemente y
lleva un registro del desempeño, de este modo podrá realizar ajustes en los
métodos, técnicas y actividades didácticas cuando los resultados de la
evaluación así lo indiquen. La comunicación docente – estudiante será
fundamental, dado que también el participante debe estar al tanto de sus
logros y desaciertos.
Una actividad concreta que se puede llevar a cabo
con el propósito antes descrito, es la realización de Mapas Conceptuales sobre determinado tema. La producción de los
mismos le permitirá al docente identificar el desempeño del estudiante y al
hacerlo en forma continua podrá constatar sus progresos. En este caso no se
compara el producto realizado con el de sus pares sino con sus propias
producciones previas. Si se desea además desarrollar competencias con el uso
de la tecnología se puede sugerir el uso del programa CmapTools.
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3.
Evaluación culturalmente sensible. Un aspecto ineludible de una
evaluación socialmente más justa es que tenga en cuenta las diferentes
culturas y contextos de todos los estudiantes. Reconocer, valorar y aprender
de todos los estudiantes es una máxima indiscutible de la evaluación (alejándose
de una evaluación cerrada centrada en la cultura dominante) (Frierson, Hood y
Hughes, 2002). Así, la evaluación tiene que adaptarse a la cultura, la raza,
género y nivel socioeconómico de los estudiantes.
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Al igual que en la evaluación inclusiva, la evaluación
culturalmente sensible evitará comparar estudiantes, en su lugar persieguirá
constatar los avances que cada participante experimenta en el tiempo. En este
sentido la evaluación no debe ser una actividad terminal sino continua o
progresiva, además de cualitativa. Por ello, también se sugiere la evaluación formativa, especialmente
si consideramos que una de las características de la evaluación formativa es
ser contextualizada, es decir, toma en cuenta el entorno sociocultural, la
institución y las características de los estudiantes. La elaboración y
presentación de Mapas Mentales
pueden ser una excelente actividad para dar libertad a la creatividad de los
estudiantes y poder conocer el modo en que organizan la información cuando construyen
su conocimiento. Los mapas mentales elaborados y presentados serán una fuente
valiosa de información para el docente, tanto para realizar ajustes
didácticos necesarios como para visualizar el desempeño de los estudiantes. Pueden
emplearse herramientas tecnológicas como Mindomo o Freemind para realizar
mapas mentales.
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4.
Evaluación participativa y democrática. Tradicionalmente, la evaluación
ha servido para valorar el aprendizaje de los estudiantes. Desde nuestro
planteamiento, consideramos esencial empoderar a los estudiantes en la
evaluación, es decir, que ellos sean un elemento activo y clave de su propio
proceso de evaluación. Este empoderamiento se traduce en una implicación y
participación de los estudiantes en el diseño, planificación, aplicación y
corrección de las diferentes estrategias y pruebas de evaluación utilizadas.
La evaluación pasa de concebirse como una práctica unidireccional a una
actividad democrática en la que se tienen en cuenta las ideas, reflexiones,
necesidades y opiniones de los estudiantes, buscando soluciones y tomando
decisiones de forma conjunta. Este empoderamiento se traduce en una forma de
responsabilizar y dar autonomía en el proceso de aprendizaje de los
estudiantes (House y Howe, 2000; Macdonald, 1978; Withmore, 1998).
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Una vía para fomentar la participación en los
estudiantes en el proceso evaluativo es, desde el inicio de los cursos o las
unidades curriculares hacerlos participes en la construcción del plan de
evaluación. En la UPEL, particularmente se estila consensuar las actividades
evaluativas y plasmarla en un documento denominado: Contrato Pedagógico. Este
es discutido por cada docente con sus estudiantes y los acuerdos son firmados
por todos los involucrados.
También la incorporación de la coevaluación fomenta la
participación. Cuando los estudiantes no solo son evaluados sino que también
deben evaluar el desempeño de otros,
están colaborando en el aprendizaje de sus pares, se colocan en el
lugar del otro y entienden el proceso evaluativo no como una actividad
inquisidora sino como una oportunidad de valorar el buen desempeño y sugerir
vías para la mejora.
El Debate
sobre un determinado tema, es una actividad que puede ser seleccionada para
desarrollar la participación y la actitud democrática en los estudiantes. A
través de él se puede comprender un tema, al complejizarlo, conocerlo desde
diferentes puntos de vista, pero además los participantes del debate se
ejercitan en actitud de respeto hacia ideas propuestas por otros y por tanto
en la tolerancia.
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5.
Evaluación crítica. Para que una evaluación contribuya a una mayor
Justicia Social es necesario que trabaje explícitamente temas de injusticias
sociales para que estudiantes sean verdaderamente conscientes de la realidad
en la que se encuentran. La evaluación por lo tanto, tiene que contribuir a
que los estudiantes sean críticos y reflexivos con las situaciones de
desigualdad existentes en su entorno y en el mundo.
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Si el docente deseara desarrollar una actitud
crítica podría emplear como actividades la presentación de problemas reales
para que sus estudiantes los analicen, evalúen y creen soluciones. (Aprendizaje basado en problemas).
Otras actividades pueden ser el método de casos (Estudio de Casos) y el Debate.
Es importante señalar que si lo anterior se hace a través del trabajo en
equipo o colaborativo se potencia el aprendizaje crítico, dado que con los
aportes de todos los participantes se podrán construir propuestas más
complejas. Esto además contribuye a desarrollar habilidades de comunicación y
relación con otros.
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6.
Evaluación que promueva la acción social. No es suficiente con que la
evaluación haga a los estudiantes conscientes de su realidad, sino que como
decía Freire (1970) es fundamental que ésta conciencia desemboque en una
acción social. La participación en la sociedad es el mecanismo más relevante
para que los estudiantes luchen contra las desigualdades sociales y mejoren
la sociedad.
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Una acción que se puede emprender para hacer más
sensibles a los estudiantes antes las injusticias sociales, es la
participación en los proyectos de servicio comunitario o de
aprendizaje-servicio. Algunos autores lo consideran como sinónimos, otros
señalan que el aprendizaje-servicio es la metodología que utiliza el Servicio
Comunitario. No obstante, Puig y otros (2007) los distingue así:
Servicios
comunitarios: “es un ejemplo de pedagogía de la experiencia cuya principal
intención es promocionar la ayuda a los demás y lograr con ello cierta
formación cívica y ética”. (p.24). Mientras que, el Aprendizaje-servicio es: “un ejemplo de pedagogía de la
experiencia que tiene una doble intención: servir a la comunidad y lograr
ciertos aprendizajes” (p. 24).
Como parte del cumplimiento de estas actividades
el estudiante debe relatar su experiencia, señalar los logros alcanzados, el
beneficio para la comunidad atendida y la reflexión sobre la experiencia
vivida.
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7.
Evaluación del desarrollo integral. Es muy relevante poner especial
atención en aquello que evaluamos. Evaluar solamente los contenidos
vinculados con el desarrollo cognitivo como matemáticas, lengua o ciencias
sociales no es suficiente. Es necesario evaluar también el desarrollo
socio-afectivo de los estudiantes, ya que tiene una incidencia clara en su
aprendizaje. Este desarrollo socio-afectivo incluye que los docentes se
esfuercen en trabajar su autoestima, autoconcepto académico, creatividad y
sentido crítico como elementos fundamentales para su desarrollo integral.
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Para alcanzar el desarrollo integral del
estudiante es necesario, tal como la señala esta característica de la
evaluación, ir más allá de lo cognitivo. Esto es posible a través de la autoevaluación. El estudiante podrá
reflexionar sobre su desempeño, sobre sus progresos y áreas débiles a
mejorar, pero sobre todo sobre el cómo se percibe a sí mismo. Una técnica
viable para esto es el Diario, en
él, el estudiante plasma su experiencia personal en una actividad concreta o
en un período de tiempo. Podrá expresar cómo se sintió y al tomar conciencia
de sus reflexiones realizar compromisos que redunden en su mejora.
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8.
Evaluación optimista. Tradicionalmente la evaluación ha sido vista como
un mecanismo de control y castigo hacia los estudiantes. Cambiar esa
concepción de la evaluación es fundamental para lograr una evaluación para la
Justicia Social. Así, promover en el aula una evaluación positiva, que se
centre en reforzar lo positivo y que sirva de ayuda a los estudiantes,
cambiaría la forma negativa de entender la evaluación por parte de los
estudiantes y mejorar en su aprendizaje.
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Una vía para cambiar la concepción negativa y
punitiva de la evaluación, es aplicar la evaluación
formativa. Al no ser sumativa y no buscar medir y compara a unos
estudiantes con otros, abre la posibilidad que el estudiante se avoque sin
tensiones a la realización de actividades que orientarán su aprendizaje. Por
ejemplo: Elaborar un Ensayo sobre
la temática estudiada y su vinculación con la vida cotidiana, sería una forma
de hacer el conocimiento más cercano, humano y útil. El docente podrá notar
las valoraciones hechas al tema y de ser necesario orientar hacia aspectos no
considerados.
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9.
Evaluación interdisciplinar. La evaluación aislada de cada docente de su
materia no ofrece una visión global del aprendizaje y del desarrollo del
estudiante. Las evaluaciones deberían avanzar a formas más
interdisciplinarias, con pruebas y estrategias de evaluación más globales que
evalúen de forma holística el desarrollo y aprendizaje de los estudiantes.
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La realización de proyectos (Aprendizaje basado en Proyectos), es una de las opciones
apropiadas para esta característica. Los proyectos permiten el trabajo en
equipo, por tanto fomenta el aprendizaje colaborativo; posibilita la
integración de varias áreas del saber, de este modo acerca al estudiante
hacia un conocimiento menos fragmentados y más real. Estos proyectos pueden
ser evaluados en forma sumativa por los docentes involucrados directamente en
el proceso de enseñanza, pero también por personas externas pero vinculadas
con los temas de los proyectos con una intención formativa. Además cada
participante del proyecto se podrá autoevaluar y entre todos coevaluarse.
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10.
Evaluación justa, que mida el avance real de cada estudiante. La
evaluación que mide el aprendizaje de los estudiantes en momentos puntuales
sin tener en cuenta su punto de partida ni su contexto o condiciones es
profundamente injusta (Gipps y Stobart, 2009). Para llevar a cabo una
evaluación justa, adaptada a cada uno de los estudiantes, es necesario
conocer su punto de partida, hasta donde ha llegado y en qué condiciones. Esa
valoración supone comprender el progreso real de cada estudiante, pudiendo
comprender mejor el camino recorrido así como su esfuerzo en el aprendizaje.
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La evaluación a través de Portafolios es una forma de realizar una evaluación que de
importancia a los progresos individuales. Arter y Spandel, citados por
Klenowski (2005) definieron el portafolio como: “…una colección de trabajos
del estudiante que nos cuenta la historia de sus esfuerzos, su progreso y
logros en un área determinada. Esta colección debe incluir la participación
del estudiante en la selección del contenido del portafolio, las guías para
la selección, los criterios para juzgar méritos y la prueba de su
autorreflexión” (p. 13). Nótese que el portafolio en sí mismo contempla la
autoevaluación y la evaluación participativa. Los portafolios también pueden
ser digitales y emplear para ellos distintos programas informáticos.
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A
modo de reflexión
Evaluación para el aprendizaje, no del aprendizaje
El concepto de evaluación en la
Educación Superior está cambiando desde un modelo centrado en el profesor o de evaluación del aprendizaje elemento
clasificador y comparador, hacia otro modelo centrado en el alumno o de evaluación para el aprendizaje, lo cual
es coincidente con los planteamientos del artículo objeto de análisis y
discusión.
El cambio de la evaluación
tradicional a la evaluación alternativa para la Justicia Social es el complemento de la docencia centrada en el estudiante y la evaluación debe acogerse
a lo que comúnmente denominamos evaluación
formativa y continua, que considerando los aspectos tratados por los
autores, sería también inclusiva e
individualizada – de otro modo sería injusta,
además de participativa, democrática,
cualitativa, creativa, en la que la auto-evaluación tenga el peso
correspondiente, así como el esfuerzo aplicado y el progreso obtenido a lo
largo del proceso de aprendizaje. La evaluación para el docente debe ser la
oportunidad de practicar la auto-crítica, autoevaluación y reflexión de su
actividad docente, para convertirse en un proceso transparente y compartido
entre los participantes (alumnos-docente). Es decir, que la evaluación será una
actividad bidireccional en la que estudiantes y docente participen en la planificación,
diseño, aplicación y corrección de los instrumentos utilizados en el proceso y
en el análisis de los resultados.
Otro requisito deseable de la
evaluación es su aspecto interdisciplinar, de modo que el conocimiento de una
asignatura quede integrado en otras relacionadas.
Además, el modelo evaluará
contenidos/competencias y desarrollo socio-afectivo del estudiante, y también,
para que esta evaluación alternativa contribuya a elevar el nivel de Justicia Social, requiere del ejercicio
de análisis de los elementos sociales objeto de injusticias para que estudiante
y docente sean críticos y reflexivos al respecto y puedan contribuir, en la
medida de sus capacidades a evidenciar y reducir las desigualdades existentes
en su entorno.
El nuevo modelo, por la
bidireccionalidad que entraña, producirá en el estudiante un estado positivo de
confianza, de modo que las tensiones propias del modelo tradicional de
evaluación estarán ausentes en cuanto a
la producción de mecanismos de control o de castigo.
La consecuencia didáctica
derivada de esta forma de evaluación, plantea el uso de herramientas de
evaluación que mejoren la validez y fiabilidad de los métodos tradicionales e
introduzcan en el proceso de evaluación la participación activa del estudiante,
al tiempo que desaparece la figura del docente calificador.
En este contexto, se requiere
que el docente transite a la condición de docente-coach o docente-tutor y
utilice instrumentos de evaluación que permitan el trabajo autónomo y
cooperativo de los estudiantes, para fomentar el aprendizaje significativo y de
alto nivel cognitivo. Una herramienta
que permite acercarse a la evaluación para la Justicia Social sería la denominada rúbrica o matriz de evaluación
que abarque los elementos motivacionales, y su configuración quede claramente
definida y estructurada. Esta matriz de valoración facilita la evaluación del
desempeño de los estudiantes, en áreas que son complejas, imprecisas y
subjetivas, a través de un conjunto de criterios graduados que permiten valorar
el aprendizaje, a la vez que posibilita que los estudiantes realicen la
evaluación de sus propias realizaciones conociendo los criterios de
calificación con que serán evaluados.
Esta herramienta de evaluación
contiene los aspectos esenciales de los contenidos o competencias que serán
objeto de evaluación por parte del docente y en connivencia con el estudiante,
con una escala de valoración que describe las diferentes características de la
tarea a realizar por el estudiante, de manera gradual. La estrategia de
evaluación puede ser holística o analítica. En el contexto holístico el juicio
global es de carácter cualitativo y en la modalidad analítica se puntúa cada
uno de los criterios según el peso y la escala de valoración para obtener una
calificación final de carácter cuantitativo.
Los criterios de evaluación son
el componente más importante de la rúbrica
y tienen como finalidad establecer los elementos sobre los que se va a
basar la evaluación de los aprendizajes y éstos deben ser acordados con el
estudiante en el primer encuentro, así como el peso del cada uno de los
elementos a evaluar en el conjunto del aprendizaje, así como el nivel de
realización de las actividades para cada criterio de evaluación. Se recomienda que la rúbrica no tenga más de
cinco criterios, para efectos de su aplicación.
La rúbrica permite evaluar
conocimiento/competencias, explicitando el mayor o menor dominio y que el
estudiante conozca los criterios de evaluación. Se pueden utilizar varias rúbricas de evaluación: una para la
evaluación del docente, otra para la auto-evaluación y una más para la
co-evaluación o evaluación por sus pares.
Los resultados deben ser analizados en conjunto con el estudiante y debe
recibir la correspondiente retroalimentación.
La evaluación debiera realizarse
con instrumentos múltiples, además de la rúbrica
de evaluación, la elaboración de
portafolios que permite una evaluación continua y otros productos según la
asignatura o temática a evaluar y cumplir con todos los requisitos de una buena
evaluación, a saber:
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Integrada a la enseñanza-aprendizaje
-
Promueve la reflexión
-
Orientada a la mejora
-
Especifica los criterios de evaluación
-
Da cuenta de los progresos
-
Combina lo cualitativo con lo cuantitativo
-
Incluye múltiples agentes (transdisciplinar)
-
Utiliza diversas técnicas y recursos
Elementos todos, para reducir la
subjetividad en el proceso de evaluación, a la vez que contribuyen con el
tránsito hacia la evaluación alternativa para la Justicia Social. Este último
modelo describe un proceso idealista que debe estar siempre como meta a lograr,
aunque de difícil consecución.
Referencias
Klenowski, V. (2005). Desarrollo
de portafolios para el aprendizaje y la evaluación. Madrid: Narcea.
Disponible: https://books.google.co.ve/books?id=tGi7jDqSmPIC&pg=PA16&lpg=PA16&dq=portafolios&source=bl&ots=fKczbvsLCR&sig=F8EbRby4VebJnfQWaEMuK1fAJ8E&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjzuYeb2PbKAhVHPCYKHVj0BUw4ChDoAQgrMAM#v=onepage&q=portafolios&f=false
[Consulta: 2016, Febrero 13].
Murillo, F. e Hidalgo, N. (2015). Enfoques fundamentantes de la Evaluación de Estudiantes para la
Justicia Social. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa. 8(1),
43-61.
Puig, J., Batlle, R., Bosch, C. y Palos, J. (2007) Aprendizaje servicio. Educar para la
ciudadanía. [Libro en línea]. Ministerio de Educación y Ciencia. Centro de
Investigación y Documentación Educativa. Octaedro. Disponible:
http://educacion.wke.es/agendaonline/Admin/Upload/2816/aprendizaje%20servicio%20muestra.pdf
[Consulta: 2016, Febrero 14].
Valverde, J. y Ciudad, A. (2014). El uso de e-rúbricas para la evaluación de competencias en estudiantes
universitarios. Estudio sobre fiabilidad del instrumento. REDU. Vol 12(1)
Pp.49-79.