domingo, 14 de febrero de 2016

Consecuencias Didácticas basadas en las Característica de la Evaluación para la Justicia Social

Por: María Antonia de la Parte
y Patricia Quiroga

La evaluación muchas veces es percibida como un tema álgido en la educación. Emplear las técnicas más apropiadas y reflexionar sobre los desaciertos en la aplicación de la evaluación amerita docentes comprometidos, críticos y abiertos al cambio del modelo tradicional de educación y evaluación hacia una educación más humana, flexible, sensible que se acompañe de una evaluación para la Justicia Social.

A continuación se presentan un cuadro contentivo de las Características que según Murillo e Hidalgo (2015) determinan una Evaluación para la Justicia Social, y las consecuencias didácticas que hemos considerado pueden ser ejecutadas basadas en actividades alternativas. Al finalizar el cuadro se presentan algunas reflexiones sobre el tema y las correspondientes referencias.

Característica de la Evaluación
Consecuencias Didácticas
1. Evaluación “para” el aprendizaje más que “del” aprendizaje. Es necesario que la evaluación deje de utilizarse como instrumento de clasificación o comparación de los estudiantes. La evaluación debe ser para favorecer el aprendizaje de los estudiantes, ayudándoles a identificar las necesidades y dificultades del propio proceso y cómo poder mejorarlo (William, 2007). Asimismo, es necesario que la evaluación sirva al propio docente para replantearse la propia práctica, viendo que aspectos de su enseñanza es necesario mejorar. Así, la evaluación es necesario que se plantee como una práctica compartida entre el docente y los estudiantes, donde poder exponer en un clima de confianza sus inquietudes, reflexiones, necesidades y puntos a reforzar.
Para identificar necesidades particulares o grupales de los estudiantes será necesario que el docente considere la realización de la evaluación diagnóstica. Esta podrá llevarse a cabo previo al inicio de un curso o antes de comenzar una nueva unidad del programa de curso.  No es extraño que el docente piense que sus estudiantes ingresen con adecuadas condiciones de entrada o que todo el grupo es homogéneo en cuanto a conocimientos previos. La evaluación diagnóstica no solo estará orientada a saber los conocimientos que los estudiantes tienen sino también a conocer las expectativas y preconcepciones que se tengan.
2. Evaluación inclusiva. Para que una evaluación luche por la Justicia Social es necesario que tenga en cuenta a todos los estudiantes, valorando sus diferencias individuales y convirtiéndolas en potencialidades para su aprendizaje. Una evaluación igual para todos los estudiantes es altamente injusta, ya que no todos los estudiantes hacen, son, piensan y aprenden de la misma forma. En cambio, una evaluación variada, más cualitativa, creativa y continúa potencia el aprendizaje de todos los estudiantes y la lucha contra las desigualdades del aula y la escuela, siendo el fin último de una evaluación socialmente justa.
La evaluación formativa es una apropiada actividad a ser aplicada por los docentes para alcanzar la justicia social a través de la inclusión, dado que ella permite hacer seguimiento al progreso de los estudiantes en forma particular, respetando las diferencias. Ella es sistemática y continua, es decir el docente  la realiza permanentemente y lleva un registro del desempeño, de este modo podrá realizar ajustes en los métodos, técnicas y actividades didácticas cuando los resultados de la evaluación así lo indiquen. La comunicación docente – estudiante será fundamental, dado que también el participante debe estar al tanto de sus logros y desaciertos.
Una actividad concreta que se puede llevar a cabo con el propósito antes descrito, es la realización de Mapas Conceptuales sobre determinado tema. La producción de los mismos le permitirá al docente identificar el desempeño del estudiante y al hacerlo en forma continua podrá constatar sus progresos. En este caso no se compara el producto realizado con el de sus pares sino con sus propias producciones previas. Si se desea además desarrollar competencias con el uso de la tecnología se puede sugerir el uso del programa CmapTools.
3. Evaluación culturalmente sensible. Un aspecto ineludible de una evaluación socialmente más justa es que tenga en cuenta las diferentes culturas y contextos de todos los estudiantes. Reconocer, valorar y aprender de todos los estudiantes es una máxima indiscutible de la evaluación (alejándose de una evaluación cerrada centrada en la cultura dominante) (Frierson, Hood y Hughes, 2002). Así, la evaluación tiene que adaptarse a la cultura, la raza, género y nivel socioeconómico de los estudiantes.
Al igual que en la evaluación inclusiva, la evaluación culturalmente sensible evitará comparar estudiantes, en su lugar persieguirá constatar los avances que cada participante experimenta en el tiempo. En este sentido la evaluación no debe ser una actividad terminal sino continua o progresiva, además de cualitativa. Por ello, también se sugiere la evaluación formativa, especialmente si consideramos que una de las características de la evaluación formativa es ser contextualizada, es decir, toma en cuenta el entorno sociocultural, la institución y las características de los estudiantes. La elaboración y presentación de Mapas Mentales pueden ser una excelente actividad para dar libertad a la creatividad de los estudiantes y poder conocer el modo en que organizan la información cuando construyen su conocimiento. Los mapas mentales elaborados y presentados serán una fuente valiosa de información para el docente, tanto para realizar ajustes didácticos necesarios como para visualizar el desempeño de los estudiantes. Pueden emplearse herramientas tecnológicas como Mindomo o Freemind para realizar mapas mentales.
4. Evaluación participativa y democrática. Tradicionalmente, la evaluación ha servido para valorar el aprendizaje de los estudiantes. Desde nuestro planteamiento, consideramos esencial empoderar a los estudiantes en la evaluación, es decir, que ellos sean un elemento activo y clave de su propio proceso de evaluación. Este empoderamiento se traduce en una implicación y participación de los estudiantes en el diseño, planificación, aplicación y corrección de las diferentes estrategias y pruebas de evaluación utilizadas. La evaluación pasa de concebirse como una práctica unidireccional a una actividad democrática en la que se tienen en cuenta las ideas, reflexiones, necesidades y opiniones de los estudiantes, buscando soluciones y tomando decisiones de forma conjunta. Este empoderamiento se traduce en una forma de responsabilizar y dar autonomía en el proceso de aprendizaje de los estudiantes (House y Howe, 2000; Macdonald, 1978; Withmore, 1998).
Una vía para fomentar la participación en los estudiantes en el proceso evaluativo es, desde el inicio de los cursos o las unidades curriculares hacerlos participes en la construcción del plan de evaluación. En la UPEL, particularmente se estila consensuar las actividades evaluativas y plasmarla en un documento denominado: Contrato Pedagógico. Este es discutido por cada docente con sus estudiantes y los acuerdos son firmados por todos los involucrados.
También la incorporación de la coevaluación fomenta la participación. Cuando los estudiantes no solo son evaluados sino que también deben evaluar el desempeño de otros,  están colaborando en el aprendizaje de sus pares, se colocan en el lugar del otro y entienden el proceso evaluativo no como una actividad inquisidora sino como una oportunidad de valorar el buen desempeño y sugerir vías para la mejora.
El Debate sobre un determinado tema, es una actividad que puede ser seleccionada para desarrollar la participación y la actitud democrática en los estudiantes. A través de él se puede comprender un tema, al complejizarlo, conocerlo desde diferentes puntos de vista, pero además los participantes del debate se ejercitan en actitud de respeto hacia ideas propuestas por otros y por tanto en la tolerancia.
5. Evaluación crítica. Para que una evaluación contribuya a una mayor Justicia Social es necesario que trabaje explícitamente temas de injusticias sociales para que estudiantes sean verdaderamente conscientes de la realidad en la que se encuentran. La evaluación por lo tanto, tiene que contribuir a que los estudiantes sean críticos y reflexivos con las situaciones de desigualdad existentes en su entorno y en el mundo.
Si el docente deseara desarrollar una actitud crítica podría emplear como actividades la presentación de problemas reales para que sus estudiantes los analicen, evalúen y creen soluciones. (Aprendizaje basado en problemas). Otras actividades pueden ser el método de casos (Estudio de Casos) y el Debate. Es importante señalar que si lo anterior se hace a través del trabajo en equipo o colaborativo se potencia el aprendizaje crítico, dado que con los aportes de todos los participantes se podrán construir propuestas más complejas. Esto además contribuye a desarrollar habilidades de comunicación y relación con otros.
6. Evaluación que promueva la acción social. No es suficiente con que la evaluación haga a los estudiantes conscientes de su realidad, sino que como decía Freire (1970) es fundamental que ésta conciencia desemboque en una acción social. La participación en la sociedad es el mecanismo más relevante para que los estudiantes luchen contra las desigualdades sociales y mejoren la sociedad.
Una acción que se puede emprender para hacer más sensibles a los estudiantes antes las injusticias sociales, es la participación en los proyectos de servicio comunitario o de aprendizaje-servicio. Algunos autores lo consideran como sinónimos, otros señalan que el aprendizaje-servicio es la metodología que utiliza el Servicio Comunitario. No obstante, Puig y otros (2007) los distingue así:
Servicios comunitarios: “es un ejemplo de pedagogía de la experiencia cuya principal intención es promocionar la ayuda a los demás y lograr con ello cierta formación cívica y ética”. (p.24). Mientras que, el Aprendizaje-servicio es: “un ejemplo de pedagogía de la experiencia que tiene una doble intención: servir a la comunidad y lograr ciertos aprendizajes” (p. 24).
Como parte del cumplimiento de estas actividades el estudiante debe relatar su experiencia, señalar los logros alcanzados, el beneficio para la comunidad atendida y la reflexión sobre la experiencia vivida.
7. Evaluación del desarrollo integral. Es muy relevante poner especial atención en aquello que evaluamos. Evaluar solamente los contenidos vinculados con el desarrollo cognitivo como matemáticas, lengua o ciencias sociales no es suficiente. Es necesario evaluar también el desarrollo socio-afectivo de los estudiantes, ya que tiene una incidencia clara en su aprendizaje. Este desarrollo socio-afectivo incluye que los docentes se esfuercen en trabajar su autoestima, autoconcepto académico, creatividad y sentido crítico como elementos fundamentales para su desarrollo integral.
Para alcanzar el desarrollo integral del estudiante es necesario, tal como la señala esta característica de la evaluación, ir más allá de lo cognitivo. Esto es posible a través de la autoevaluación. El estudiante podrá reflexionar sobre su desempeño, sobre sus progresos y áreas débiles a mejorar, pero sobre todo sobre el cómo se percibe a sí mismo. Una técnica viable para esto es el Diario, en él, el estudiante plasma su experiencia personal en una actividad concreta o en un período de tiempo. Podrá expresar cómo se sintió y al tomar conciencia de sus reflexiones realizar compromisos que redunden en su mejora.
8. Evaluación optimista. Tradicionalmente la evaluación ha sido vista como un mecanismo de control y castigo hacia los estudiantes. Cambiar esa concepción de la evaluación es fundamental para lograr una evaluación para la Justicia Social. Así, promover en el aula una evaluación positiva, que se centre en reforzar lo positivo y que sirva de ayuda a los estudiantes, cambiaría la forma negativa de entender la evaluación por parte de los estudiantes y mejorar en su aprendizaje.
Una vía para cambiar la concepción negativa y punitiva de la evaluación, es aplicar la evaluación formativa. Al no ser sumativa y no buscar medir y compara a unos estudiantes con otros, abre la posibilidad que el estudiante se avoque sin tensiones a la realización de actividades que orientarán su aprendizaje. Por ejemplo: Elaborar un Ensayo sobre la temática estudiada y su vinculación con la vida cotidiana, sería una forma de hacer el conocimiento más cercano, humano y útil. El docente podrá notar las valoraciones hechas al tema y de ser necesario orientar hacia aspectos no considerados.
9. Evaluación interdisciplinar. La evaluación aislada de cada docente de su materia no ofrece una visión global del aprendizaje y del desarrollo del estudiante. Las evaluaciones deberían avanzar a formas más interdisciplinarias, con pruebas y estrategias de evaluación más globales que evalúen de forma holística el desarrollo y aprendizaje de los estudiantes.
La realización de proyectos (Aprendizaje basado en Proyectos), es una de las opciones apropiadas para esta característica. Los proyectos permiten el trabajo en equipo, por tanto fomenta el aprendizaje colaborativo; posibilita la integración de varias áreas del saber, de este modo acerca al estudiante hacia un conocimiento menos fragmentados y más real. Estos proyectos pueden ser evaluados en forma sumativa por los docentes involucrados directamente en el proceso de enseñanza, pero también por personas externas pero vinculadas con los temas de los proyectos con una intención formativa. Además cada participante del proyecto se podrá autoevaluar y entre todos coevaluarse.
10. Evaluación justa, que mida el avance real de cada estudiante. La evaluación que mide el aprendizaje de los estudiantes en momentos puntuales sin tener en cuenta su punto de partida ni su contexto o condiciones es profundamente injusta (Gipps y Stobart, 2009). Para llevar a cabo una evaluación justa, adaptada a cada uno de los estudiantes, es necesario conocer su punto de partida, hasta donde ha llegado y en qué condiciones. Esa valoración supone comprender el progreso real de cada estudiante, pudiendo comprender mejor el camino recorrido así como su esfuerzo en el aprendizaje.
La evaluación a través de Portafolios es una forma de realizar una evaluación que de importancia a los progresos individuales. Arter y Spandel, citados por Klenowski (2005) definieron el portafolio como: “…una colección de trabajos del estudiante que nos cuenta la historia de sus esfuerzos, su progreso y logros en un área determinada. Esta colección debe incluir la participación del estudiante en la selección del contenido del portafolio, las guías para la selección, los criterios para juzgar méritos y la prueba de su autorreflexión” (p. 13). Nótese que el portafolio en sí mismo contempla la autoevaluación y la evaluación participativa. Los portafolios también pueden ser digitales y emplear para ellos distintos programas informáticos. 

A modo de reflexión

Evaluación  para el aprendizaje, no del aprendizaje

El concepto de evaluación en la Educación Superior está cambiando desde un modelo centrado en el profesor o de evaluación del aprendizaje elemento clasificador y comparador, hacia otro modelo centrado en el alumno o de evaluación para el aprendizaje, lo cual es coincidente con los planteamientos del artículo objeto de análisis y discusión.
El cambio de la evaluación tradicional a la evaluación alternativa para la Justicia Social es el complemento de la docencia centrada en el estudiante y la evaluación debe acogerse a lo que comúnmente denominamos evaluación formativa y continua, que considerando los aspectos tratados por los autores, sería también inclusiva  e individualizada – de otro modo sería injusta, además de participativa, democrática, cualitativa, creativa, en la que la auto-evaluación tenga el peso correspondiente, así como el esfuerzo aplicado y el progreso obtenido a lo largo del proceso de aprendizaje. La evaluación para el docente debe ser la oportunidad de practicar la auto-crítica, autoevaluación y reflexión de su actividad docente, para convertirse en un proceso transparente y compartido entre los participantes (alumnos-docente). Es decir, que la evaluación será una actividad bidireccional en la que estudiantes y docente participen en la planificación, diseño, aplicación y corrección de los instrumentos utilizados en el proceso y en el análisis de los resultados.
Otro requisito deseable de la evaluación es su aspecto interdisciplinar, de modo que el conocimiento de una asignatura quede integrado en otras relacionadas.
Además, el modelo evaluará contenidos/competencias y desarrollo socio-afectivo del estudiante, y también, para que esta evaluación alternativa contribuya a elevar el nivel de Justicia Social, requiere del ejercicio de análisis de los elementos sociales objeto de injusticias para que estudiante y docente sean críticos y reflexivos al respecto y puedan contribuir, en la medida de sus capacidades a evidenciar y reducir las desigualdades existentes en su entorno.
El nuevo modelo, por la bidireccionalidad que entraña, producirá en el estudiante un estado positivo de confianza, de modo que las tensiones propias del modelo tradicional de evaluación estarán ausentes  en cuanto a la producción de mecanismos de control o de castigo.
La consecuencia didáctica derivada de esta forma de evaluación, plantea el uso de herramientas de evaluación que mejoren la validez y fiabilidad de los métodos tradicionales e introduzcan en el proceso de evaluación la participación activa del estudiante, al tiempo que desaparece la figura del docente calificador.
En este contexto, se requiere que el docente transite a la condición de docente-coach o docente-tutor y utilice instrumentos de evaluación que per­mitan el trabajo autónomo y cooperativo de los estudiantes, para fomentar el aprendizaje significativo y de alto nivel cognitivo.  Una herramienta que permite acercarse a la evaluación para la Justicia Social sería la denominada rúbrica o matriz de evaluación que abarque los elementos motivacionales, y su configuración quede claramente definida y estructurada. Esta matriz de valoración facilita la evaluación del desempeño de los estudiantes, en áreas que son complejas, imprecisas y subjetivas, a través de un conjunto de criterios graduados que permiten valorar el aprendizaje, a la vez que posibilita que los estudiantes realicen la evaluación de sus propias realizaciones conociendo los criterios de calificación con que serán evaluados.
Esta herramienta de evaluación contiene los aspectos esenciales de los contenidos o competencias que serán objeto de evaluación por parte del docente y en connivencia con el estudiante, con una escala de valoración que describe las diferentes características de la tarea a realizar por el estudiante, de manera gradual. La estrategia de evaluación puede ser holística o analítica. En el contexto holístico el juicio global es de carácter cualitativo y en la modalidad analítica se puntúa cada uno de los criterios según el peso y la escala de valoración para obtener una calificación final de carácter cuantitativo.
Los criterios de evaluación son el componente más importante de la rúbrica  y tienen como finalidad establecer los elementos sobre los que se va a basar la evaluación de los aprendizajes y éstos deben ser acordados con el estudiante en el primer encuentro, así como el peso del cada uno de los elementos a evaluar en el conjunto del aprendizaje, así como el nivel de realización de las actividades para cada criterio de evaluación.  Se recomienda que la rúbrica no tenga más de cinco criterios, para efectos de su aplicación.
La rúbrica permite evaluar conocimiento/competencias, explicitando el mayor o menor dominio y que el estudiante conozca los criterios de evaluación. Se pueden utilizar varias rúbricas de evaluación: una para la evaluación del docente, otra para la auto-evaluación y una más para la co-evaluación o evaluación por sus pares.  Los resultados deben ser analizados en conjunto con el estudiante y debe recibir la correspondiente retroalimentación.
La evaluación debiera realizarse con instrumentos múltiples, además de la rúbrica de evaluación,  la elaboración de portafolios que permite una evaluación continua y otros productos según la asignatura o temática a evaluar y cumplir con todos los requisitos de una buena evaluación, a saber:
-          Integrada a la enseñanza-aprendizaje
-          Promueve la reflexión
-          Orientada a la mejora
-          Especifica los criterios de evaluación
-          Da cuenta de los progresos
-          Combina lo cualitativo con lo cuantitativo
-          Incluye múltiples agentes (transdisciplinar)
-          Utiliza diversas técnicas y recursos

Elementos todos, para reducir la subjetividad en el proceso de evaluación, a la vez que contribuyen con el tránsito hacia la evaluación alternativa para la Justicia Social.  Este último modelo describe un proceso idealista que debe estar siempre como meta a lograr, aunque de difícil consecución.

Referencias

Klenowski, V. (2005). Desarrollo de portafolios para el aprendizaje y la evaluación. Madrid: Narcea. Disponible: https://books.google.co.ve/books?id=tGi7jDqSmPIC&pg=PA16&lpg=PA16&dq=portafolios&source=bl&ots=fKczbvsLCR&sig=F8EbRby4VebJnfQWaEMuK1fAJ8E&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjzuYeb2PbKAhVHPCYKHVj0BUw4ChDoAQgrMAM#v=onepage&q=portafolios&f=false [Consulta: 2016, Febrero 13].

Murillo, F. e Hidalgo, N. (2015). Enfoques fundamentantes de la Evaluación de Estudiantes para la Justicia Social. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa. 8(1), 43-61.

Puig, J., Batlle, R., Bosch, C. y Palos, J. (2007) Aprendizaje servicio. Educar para la ciudadanía. [Libro en línea]. Ministerio de Educación y Ciencia. Centro de Investigación y Documentación Educativa. Octaedro.   Disponible: http://educacion.wke.es/agendaonline/Admin/Upload/2816/aprendizaje%20servicio%20muestra.pdf [Consulta: 2016, Febrero 14].

Valverde, J. y Ciudad, A. (2014). El uso de e-rúbricas para la evaluación de competencias en estudiantes universitarios. Estudio sobre fiabilidad del instrumento. REDU. Vol 12(1) Pp.49-79.

viernes, 12 de febrero de 2016

Resumen con 10 ideas principales del artículo: Enfoque fundamentantes de la Evaluación de Estudiantes para la Justicia Social, de F. Javier Murillo y Nina Hidalgo.

Selección de ideas por:
María Antonia de la Parte
y Patricia Quiroga

Sobre la Evaluación para la Justicia Social

1. “…entendida como una evaluación justa que busca la formación de estudiantes críticos y socialmente comprometidos, bebe en su concepción de estos nuevos enfoques evaluativos, entre los que podemos encontrar la Evaluación Democrático-Deliberativa, la Evaluación Crítica, la Evaluación Participativa, la Evaluación Inclusiva, la Evaluación Sensible al Contexto Cultural o la Evaluación Auténtica.” (p. 47).

Sobre la Evaluación Democrático-Deliberativa

2.  “Su preocupación fundamental recae en cómo trabajar verdaderamente la democracia en el centro educativo y en el aula, haciendo frente a las desigualdades generadas por la clase social y las diferencias culturales”. (p. 47).

Sobre la Evaluación Participativa

3. “La evaluación se entiende como un proceso de construcción conjunta donde se tienen en cuenta todos los puntos de vista de los participantes”. (p. 48).

Sobre la Evaluación Crítica

4.  “Se concibe como el proceso evaluativo que tiene como fin último la emancipación social”. (p. 49).

5. “La idea que subyace es que la formación de una mentalidad crítica a través de una retroalimentación constante en la evaluación conseguida mediante una transparencia clara de dicho proceso evaluativo llevará a la transformación social por parte de los estudiantes”. (p. 49).

Sobre la Evaluación Culturalmente Sensible

6. “La idea de partida de la Evaluación Culturalmente Sensible es que existe un contexto o cultura dominante y otras culturas sometidas o en desigualdad; siendo el proceso evaluativo favorecedor de la legitimación de dichas diferencias culturales”. (p. 51).

7. “La propuesta de la Evaluación Culturalmente Sensible pretende disminuir esta supremacía cultural, reconociendo y evaluando desde las diferentes perspectivas culturales de los estudiantes”. (p. 51).

Sobre la Evaluación Inclusiva

8. “…La finalidad de la Evaluación Inclusiva es potenciar el aprendizaje y la participación de todos y cada uno de los estudiantes a través de un proceso evaluativo que valore las diferencias individuales para luchar contra las desigualdades del aula y de la escuela. (p. 53).

Sobre la Evaluación Auténtica

9. “…persigue un desarrollo integral de los estudiantes, determinando el nivel de adquisición de conocimientos de los estudiantes, su grado de comprensión, sus habilidades de resolución de problemas, sus habilidades sociales y las actitudes que utilizan en el mundo real”. (p. 53).

10. “… en una Evaluación Auténtica, las tareas que los estudiantes están obligados a realizar se conciben en primer lugar, y posteriormente se desarrolla el plan de estudios requerido para permitir a los estudiantes completar con éxito la evaluación”. (p. 54).

Referencia


Murillo, F. e Hidalgo, N. (2015). Enfoques fundamentantes de la Evaluación de Estudiantes para la Justicia Social. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa. 8(1), 43-61.